POR QUÉ VEGANIZAR TU ALIMENTACIÓN

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   Como ya sabéis, mi alimentación se basa en un 99% en productos de origen vegetal y saludables. Ese 1% restante lo dejo para tomar dulce sobre todo (que me encanta) en ocasiones especiales como mi cumpleaños, viajes, Navidades o, simplemente, un día que me apetezca.

   Vivimos inmersos en una sociedad inundada de alimentos procesados, cargados de harinas, sal y azúcares refinados, grasas trans, colorantes, conservantes etc. Desayunar un café con croissant, almorzar una hamburguesa grasienta y cenar una pizza cuatro quesos es lo “normal”, cuando no debería serlo. La comida (por llamarla de algún modo) citada anteriormente no es más que falsa. No nutre, al contrario, nos desmineraliza, nos enferma y, además, afecta a nuestro estado de ánimo provocándonos ansiedad, tristeza e incluso depresión.

   Sabiendo las desventajas que tienen estos falsos alimentos, ¿quién querría seguir consumiéndolos? Apuesto a que nadie que esté en su sano juicio. El problema es que son altamente adictivos ya que, cuando los tomamos, nos hacen sentir bien, relajados, nos dan placer instantáneo. Sin embargo, en cuanto acabamos, aparece el famoso bajón. Por tanto, cuanta más basura de este tipo consumamos, más querremos hacerlo.

   Por el contrario, los alimentos reales, en su estado natural suministran a nuestro cuerpo el combustible necesario para funcionar. Nos aportan carbohidratos, proteínas, grasas, vitaminas, minerales, fitoquímicos y enzimas. Éstos son las verduras y hortalizas, las frutas, las algas, los cereales integrales, las legumbres, los germinados, los fermentos, los frutos secos, las semillas,  las especias y las hierbas aromáticas. Estos tesoros nos nutren, nos dan energía y, por consiguiente, nos ponen contentos. Prometo que una vez empieces a comer alimentos de verdad, no querrás dejar de hacerlo porque estarás pletórico tanto física como emocionalmente y ¿quién no quiere sentirse así?

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Espinacas frescas y cherries, bombas de vitaminas y minerales

   Como ves, apuesto por una alimentación de tendencia vegetal e incluso ecológica. La agricultura convencional llena de pesticidas sus cultivos por lo que me gusta comprar productos orgánicos. Así me aseguro que lo que como esté libre de químicos y, además, contribuya a cuidar nuestro planeta. Lejos de lo que se suele pensar, los alimentos de origen vegetal y orgánico están deliciosos. Deja de creer que comer sano es desayunar un zumo de naranja y una tostada con pavo o queso fresco; almorzar una ensalada de lechuga, tomate, cebolla, atún y huevo cocido y cenar un puré de calabacín. A mí me encanta levantarme con un smoothie bowl (plátano, cacao y maca) con topping de frambuesas, mantequilla de cacahuete y coco rallado; comer un buddha bowl con quinoa, kale, cherries, champiñones, hummus y aguacate y cenar una pizza de trigo sarraceno con tomate, queso de anacardos y rúcula. Éstos no son más que ejemplos, hay un sinfín de platos riquísimos que regalarte. Yo siempre he adorado el dulce, no puedo vivir sin él y ¿sabes qué? ¡lo como a diario! Donuts, trufas, helado, brownies etc. La clave es prepararlos con  ingredientes de máxima calidad y sin procesar como los frutos secos, los dátiles, el cacao crudo, los copos de avena, la canela… y jugar. Juega con diferentes combinaciones, sabores y colores. Si hoy preparas trufas de chocolate, mañana, cambia el cacao por el coco o añade nuez moscada. ¡Es imposible aburrirse!

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Mini donuts raw de choco-coco. Hechos con avena, anacardos, dátiles, cacao crudo en polvo y coco

   En cuanto a las calorías, si quieres hacerte un favor, olvídate de ellas. Hay alimentos muy calóricos que son buenos para ti como el aguacate o la mantequilla de almendra y otros que, siendo bajos en calorías, son un atentado contra tu salud como los refrescos de cola zero o los quesitos light. A partir de ahora, fíjate en la calidad de los ingredientes de lo que compres y no en su número de calorías.

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El hummus, fantástica fuente de proteína vegetal

   Seguramente te estarás preguntando qué pasa con la carne, el pescado, los huevos y los lácteos. No considero los productos de origen animal una buena opción en nuestro día a día. Hay tres motivos principales para argumentarlo:

   1.POR NUESTRA SALUD

Son alimentos muertos por lo que generan putrefacción en nuestro organismo. Una chuleta de cerdo no tiene vida así que no podemos pretender que nos la dé a nosotros. El pescado (como su propio nombre indica) está pescado, o sea, muerto. Los huevos no son más que la menstruación de la gallina así que evidentemente tampoco nos podrán aportar energía. La leche de vaca está hecha para los terneros no para los humanos. Llega una edad a la que dejamos de tomar la de nuestra madre así que no es muy coherente beber la de otra mamífera. Además, la proteína animal es demasiado ácida para nuestro organismo y, como dijo el fisiólogo alemán Otto Heinrich Warburg “todas las enfermedades son ácidas y donde hay oxígeno y alcalinidad no puede haber enfermedades, incluido el cáncer”

 

   2. POR LOS ANIMALES

Aunque no lo defiendo ni mucho menos, antiguamente, tenías un pollo, lo matabas y te lo comías. Era un consumo casero, te autoabastecías. Hoy en día existe una industria terrorífica alrededor de la carne, el pescado, los huevos y los lácteos. Los animales, seres vivos que sienten y padecen, se encuentran en condiciones lamentables, hacinados, maltratados, cebados. Y yo, personalmente, no quiero contribuir con mi dinero a esa masacre.

 

    3. POR EL PLANETA

    – Cambio climático: de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la agricultura animal es responsable de aproximadamente el 15% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero provocados por el ser humano. En las diferentes etapas de producción de la carne, los huevos y los lácteos (mantener las instalaciones de producción, empaque, transporte, producción de fertilizantes y alimento para los animales, su propio proceso digestivo etc.) se libera CO2 a la atmósfera.

  – Agua: para regar las semillas que comerán los animales, mantenerlos hidratados, procesar su carne y limpiar las instalaciones de producción. Se requieren unos 6.000 litros para producir un kilo de pollo mientras que, para uno de frijoles, llega con menos de la mitad.

 – Tierra: se necesita mucho espacio para el ganado y para sembrar su alimento. De hecho, se emplea más tierra para criar y alimentar a los animales de granja que para cualquier otro propósito.

 

   Si quieres profundizar en el tema del veganismo, te animo a que veas en YouTube “El Mejor Discurso que Jamás Escucharás” de Gary Yourofsky. Este activista, explica magistralmente las razones por las que deberías veganizar tu dieta.

   Espero que este post te haya parecido interesante y te anime a introducir muchos vegetales en tu alimentación. ¡Te prometo que te sentirás mejor que nunca!

Con cariño,

Lidia

 

Fotos @julietarodiguezfotografia

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